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Deathland para computadoras Atari 8-bits | Reseña

Un título de plataforma oscuro y exigente, nacido de herramientas propias, que prioriza animación fluida y demanda memoria al jugador.

Deathland es un juego de acción y plataformas publicado en 1994 para computadoras Atari de 8 bits, desarrollado por el programador polaco Krystian Bylica y distribuido por la compañía StanBit. A comienzos de los años noventa, mientras el mercado empujaba claramente a los usuarios hacia Amiga y PC, el título surgió desde una escena independiente—especialmente activa en Europa del Este— que todavía exploraba las posibilidades del hardware Atari.


El origen del juego está estrechamente ligado a Animator, una herramienta de animación creada previamente por Bylica ante la ausencia de utilidades que satisficieran sus exigencias técnicas y creativas. A partir de esa necesidad práctica —y del dominio que le otorgó sobre el sistema— nació la idea de desarrollar un juego completo. El proyecto fue concebido inicialmente bajo el nombre «Deflorator», un término proveniente del ámbito médico y asociado a un procedimiento quirúrgico explícito; lo que motivó el rechazo de la editorial LK Avalon. Esta decisión llevó a Bylica a publicarlo a través de StanBit, la pequeña compañía fundada por un amigo, adoptando finalmente el nombre «Deathland», según explicó el propio autor en una entrevista publicada en el portal polaco Atari Area.

Bylica asumió prácticamente todo el trabajo técnico y artístico del juego, incluyendo programación, gráficos y animaciones. La música y los efectos de sonido fueron compuestos por Jakub Mikuła, mientras que la portada corrió a cargo de Krzysztof Wasilewski. Uno de los aspectos más destacados del desarrollo es la atención al detalle en la animación: cada objeto en movimiento —el protagonista, los cañones incrustados en las paredes, los enemigos— cuenta con múltiples cuadros de animación, algo poco habitual incluso entre títulos comerciales del sistema.


En «Deathland», el jugador controla a un héroe encargado de liberar a la familia real, capturada por el gobernante del territorio que da nombre al juego. Se trata de un plataformas arcade de un solo jugador, con desplazamiento por múltiples pantallas interconectadas que conforman un mundo oscuro y opresivo. El personaje puede caminar, saltar, agacharse, subir escaleras y utilizar armas para enfrentarse a enemigos, además de sortear trampas repartidas por los escenarios. Los niveles presentan una estructura laberíntica, con rutas alternativas y zonas ocultas. Existen incluso mapas completos —como el elaborado por Peter y disponible en Mapy — que permiten apreciar la complejidad interna del diseño y la cantidad de interconexiones entre pantallas.

El control es preciso y responde bien a las acciones del jugador, pero el planteamiento general es exigente y sin demasiadas concesiones. La escasez de vidas y el ataque persistente de los enemigos —que incluyen balas minúsculas, a penas visibles— obligan a memorizar recorridos y a avanzar con cautela.


En el apartado técnico, «Deathland» destaca por su fluidez en un modo gráfico de cuatro colores. Bylica desarrolló algoritmos propios para optimizar la velocidad de pantalla, logrando animaciones suaves y transiciones visuales eficaces —como las vistosas explosiones— dentro de las limitaciones del hardware. La música chiptune de Mikuła refuerza la atmósfera sin imponerse, acompañada de efectos de sonido claros y funcionales.

El juego se distribuyó originalmente en cinta y disco, y su impacto comercial fue modesto. Con el tiempo, sin embargo, se consolidó como una de las obras más representativas de su autor dentro de la escena Atari. El propio Bylica ha señalado que, aunque Animator fue más rentable, en eventos como Satellite ’98 era identificado con mayor frecuencia por «Deathland».


EVALUACIÓN

7
Gráficos
6
Sonido
7
Controles
8
Jugabilidad
7
Total

A más de treinta años de su lanzamiento, «Deathland» permanece como un ejemplo significativo del desarrollo independiente polaco para Atari: técnicamente impresionante para su contexto, pero limitado por una dificultad poco amable y por haber llegado tarde a la fiesta.
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